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Preguntas Frecuentes

¿Es el FTT difícil de administrar?

No, ya que el administrador tiene a su disposición una hoja de respuestas donde figuran el orden y el contenido de las preguntas que deben plantearse al niño. Sin embargo, en caso de que sea necesario, el administrador tiene la libertad de reformular las preguntas, adaptándolas al nivel de desarrollo del niño, o hacer unas preguntas adicionales a fin de esclarecer el contenido de las respuestas.

Es importante tener en cuenta que para la correcta administración del FTT es necesario que se lean atentamente las instrucciones tal y como aparecen descritas en el manual.

¿Es difícil puntuar el FTT? ¿La puntuación requiere mucho tiempo?

Como con todas las pruebas proyectivas, la puntuación del FTT no es fácil. La dificultad depende de la experiencia del clínico y su familiarización con la aplicación de pruebas proyectivas. Adicionalmente, la puntuación eficaz de las variables del FTT depende del conocimiento que se tenga de las teorías psicoanalíticas, de la psicología de desarrollo y de las teorías de la personalidad, en combinación con la práctica que se adquiera empleando las instrucciones del manual.

¿Se puede administrar el FTT a todos los niños?

Los requisitos para la administración del test son:

a)      Que la edad de los niños oscile entre los 6 y los 12 años.

b)      Que los niños puedan tolerar psíquicamente situaciones de evaluación proyectiva (se excluyen casos de retraso mental grave o si existe riesgo de desorganización psicótica).

c)       Que los niños conozcan cuentos de hadas, en particular los cuentos de “Caperucita Roja”, “Blancanieves y los siete enanitos” y una historia de gigantes.

Si el niño no está familiarizado con los cuentos de hadas, ¿puede el examinador narrar las historias y después administrarle el FTT?

Si el niño no está familiarizado con los cuentos, se puede pedir a los padres o al profesor que cuenten las historias al niño y tras un intervalo razonable (al menos una semana) se puede administrar el test. En ningún caso debe ser el examinador el que narre los cuentos al niño.

 

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